Agua bendita

Z8

“Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos Señor Dios nuestro.”

Eso es una corta oración dicha al entrar en la iglesia y al signarse con agua bendita.  El agua bendita no es ningua rebautismo  porque el bautismo solo se hace una veza en causa de su marque perdurable (rf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1317).  Todavía nos purifica del pecado venial y recuerdo nuestro bautismo (n. 1668).  Esto no significa aunque que el agua sea mágica sino que esté bendita por un sacerdote por obra del Espíritu Santo.

Jesucristo dio a sus discípulos, principalmente sus apóstoles, el poder de remitir pecados, curar los enfermos y expulsar a demonios (rf. Marco 6:7-13).  Aquí se lee que su poder está invertido en sus sacerdotes; por ejemplo se dice que San Pablo tiene un pañuelo y un delantal (rf. Hechos 19:12).  Hay un poder de curar en estos objectos benditos por un sacerdote como agua bendita.  El agua bendita causa principalmente una curación espiritual pero hace raramente un milagro, así dice la Iglesia, todavía las curaciones de Cristo llevó principalmente una curación espiritual aunque ocurrieron milagros con frecuencia.

¿Y qué hay del agua bendita?  En el Viejo Testamento debieron lavarse los sacerdotes antes de dar un sacrificio.  Así dice el Señor, “Echará agua bendita en una vasija de barro, y tomando un poco de tierra del suelo de la tienda, la mezclará con el agua” (Números 5:17).  Esta costumbre continuó en el Nuevo Pacto a pesar de la abrogación de los preceptos ceremoniales porque “lo cual es una sombra del futuro, cuyo fundamento es Cristo” (cf. Colosenses 2:17).  Como en el antiguo Israel se pone el agua bendita en una pila (rf. Éxodo 30:18).  Aunque impropio del antiguo Israel cuándo entró “solamente el sumo sacerdote” en el santuario para que pudiera ofrecer un sacrificio (rf. Hebreos 9:6-7) ahora podemos todos ir “al trono de la gracia” (cf. Hebreos 4:16).

En el Viejo Pacto espolvoreó el sacerdote el altar con sangre (rf. Levítico 5:9).  Desde Cristo derramó sangre y agua de su lado (rf. Juan 19:34) espolvorea el sacerdote objectos y personas con agua en lugar de “sangre de machos cabríos y de becerros” (cf. Hebreos 9:12).

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